Conclusiones del 2007 del segundo estudio por Virginia Crener |
1. El sexo como objeto de estudio.
Son apenas 50 años los que llevamos interesándonos (psicológicamente hablando) por nuestro sexo, y eso que la conclusión más rápida a la que se llegó en los primeros años de estudio es que es una de nuestras funciones básicas.
Maslow1 ya apuntó que el sexo está situado en el primer peldaño de la pirámide de necesidades humanas, emparentándola con la necesidad de comer, beber o respirar.
Despojada, en 1960, la conducta sexual de la aparente obligación de tener churumbelillos cada vez que uno deseaba cubrir sus necesidades primarias (por obra y gracia de Searle Pharmaceuticals y la aparición del Enovid2) hemos ido transformado nuestros hábitos, gustos, y prácticas.
Pero son muy pocos los años que llevamos sintiéndonos más o menos libres para elegir el cómo, el cuándo, el con quién y el por qué de nuestro sexo. Y la evolución sexual (que no “revolución”) es un continuo que sigue despertando el interés de psicólogos, sociólogos, médicos, y, por supuesto, del más implicado: el propio ser humano.
Por eso los estudios sobre hábitos y preferencias, como el que ha realizado, por segundo año, Sexole.com, son no sólo necesarios, si no ya casi imprescindibles, para valorar cuánto estamos cambiando, cómo estamos asumiendo nuestra sexualidad y cómo la vamos adaptando a los nuevos cambios sociales (como la omnipresencia de Internet o la tecnología). En definitiva, Sexole.com nos ayuda, una vez más, a saber cómo estamos encaminando nuestra evolución sexual y en qué punto de apertura y liberación sexual nos hallamos.
Y la realidad es que vamos mucho más lentos de lo que cabría esperar...
2. Gustos, disgustos e IPS.
Sexole.com presenta un estudio de excelente rigor estadístico, con una muestra de 68.253 individuos españoles, realizada de forma anónima a través de Internet pero correctamente filtrada gracias a una escala de fiabilidad3.
Lo primero que hemos de tener en cuenta es que se trata de individuos que, de una manera u otra, hacen uso de Internet.
Por tanto se les supone cierta “modernidad” o, en su defecto, y tal y como demuestra la muestra, cierta juventud. De hecho el 90% de quiénes participaron, tiene entre 18 y 40 años. Esto coincide plenamente con las edades de los usuarios habituales de Internet4.
El test ha creado como resultado el llamado IPS (Índice de Pulsión Sexual). El IPS viene a decirte lo “sexual” que eres. Como una nota en una escala de 0 a 100. Pues bien, suspendemos.
El IPS medio es de 43,3, con aún grandes diferencias entre hombres y mujeres. Ellos rozan el aprobado (44 sobre 100) mientras que ellas se quedan en un 38 sobre 100. Se han incluido en este resultado global, todas las tendencias sexuales. Y ¡menos mal! Porque quiénes suben la media son los hombres declarados bisexuales, mientras que a la cola del IPS están las mujeres heterosexuales (con un triste 37 de nota).
Pero no nos alarmemos. Las mujeres heterosexuales han demostrado con este estudio que ya han alcanzado cierta igualdad con los hombres. En cuanto a experiencias sexuales y conductas atrevidas (dos de las escalas que mide el IPS) muestran resultados casi idénticos a los hombres, así que liberadas, sí que estamos.
En cambio seguimos influidas por la moralidad (somos menos capaces de hacer cualquier cosa por obtener satisfacción sexual, rompiendo si hiciera falta, los preceptos morales) mientras que los hombres se saltan más a la torera la ética en el sexo. También ellos siguen siendo los que más practican el onanismo (13,5 sobre un máximo de 21) aunque hemos de olvidarnos ya del clásico de que las mujeres no se masturban, pues en esta escala obtienen un 9,5 sobre 21, que aunque no llega a la media, no está nada mal.
Como se concluye gracias a otras subescalas, si el onanismo es tan masculino, es porque el hombre tiende más a los estímulos visuales haciendo, por ejemplo, un uso y disfrute de Internet para pasárselo bien… ¡incluso en el trabajo!
Más de un 44% de los hombres admite haberse masturbado en su lugar de trabajo (yo, por si acaso, llamaré siempre a la puerta de mi jefe antes de entrar), mientras que sólo el 18% de ellas lo ha hecho (y yo que creía que lo de “me voy a hacer una pausa” era otra cosa).
En cambio, como las mujeres requieren de imaginación y fantasía para tan saludable práctica, resulta más complicado dar rienda suelta a su masturbación, necesitando del silencio y la relajación para imaginar escenas excitantes. Por cierto, sus parejas pueden estar más que tranquilas, ya que la gran mayoría (44%) fantasean con sus novios o maridos. Los famosos no excitan mucho (lo siento, Brad Pitt), ya que sólo un 8% de las mujeres se masturba pensando en ellos.
Aún siendo menos onanistas, son las mujeres las que se estrenan antes en esto del sexo.
El 56% admite haber completado una relación sexual con penetración antes de los 17 años, mientras que la mayoría de los hombres (el 42%) lo ha hecho entre los 18 y los 21 años.
Este es un dato que sí, nos parece revolucionario. Si preguntásemos a nuestras mamás, dirían que no es posible.
La virginidad, definitivamente, no está de moda. Sólo el 5% de mujeres de este estudio y el 7% de los hombres dice ser virgen. Curioso que haya más hombres vírgenes que mujeres, ¿verdad?
3. Una mujer que sabe lo que quiere.
Por fin podemos romper con el mito de que los hombres tienen su plenitud sexual a los 20 años. El IPS mayor tanto en ellas como en ellos está entre los 30 y los 39 años. Así que coincidimos. Podríamos decir que la pareja más sexualmente activa es la de los treintañeros.
Aún así las mujeres tienen sus exigencias, lo que nos hace pensar en una evolución muy positiva para ellas. Los prefieren con miembros grandes (que sí, que el tamaño sí que importa) y más jóvenes que ellas, aunque al mismo tiempo los prefieren expertos. Esto tiene que ver con el aún escaso índice de onanismo en la mujer: al no conocer bien en profundidad su cuerpo, prefiere un amante activo, fuerte, joven y muy experto, y además bien dotado. ¡Casi nada! La mujer tiende, por tanto, a buscar al compañero perfecto en la cama. El amante solícito y poderoso sigue estando de moda.
Son muchos los estudios que apuntan a esta misma hipótesis. Sylvia de Béjar comentó en su libro “Tu sexo es Tuyo5” cómo las mujeres tienden a creer que su placer no depende de ellas, si no del buen amante que tengan a su lado. Lo del “no hay mujer anorgásmica, sino hombre que no sabe tocarla” sigue siendo un pensamiento femenino hoy en día.
Al hombre, sin embargo, le basta con una mujer muy atractiva (prevaleciendo el elemento visual para su excitación) aunque no sepa mucho de sexo (total, él ya sabe lo que tiene que hacer.)
A ella le excita más el ejecutivo (por la seguridad que desprende, seguramente) y el guaperas de la playa que un militar (fuera el mito del hombre en uniforme.) El hombre se muestra algo más clásico, prefiriendo a mujeres finas y atractivas vestidas de lencería que otras cosas más atrevidas como mujeres vestidas con cuero, chicas en tanga o chicas vestidas de uniforme.
Aún así, las mujeres se disfrazan de lo que haga falta con tal de dar placer a sus chicos: un 30% declara haberse puesto ropas “diferentes” para mantener relaciones.
Con el mismo fin, imaginamos, un 63% de ellas admite jadear escandalosamente durante el acto frente a un simple 20% de los hombres.
4. Cantidad, más cantidad y algo de calidad.
No salimos mal parados en cuanto a la frecuencia de nuestras relaciones sexuales.
Obviamente los que más practican el sexo son las personas emparejadas, aunque existen diferencias significativas entre parejas y matrimonios. Parece que sí, que el matrimonio enfría la libido. El 51% de las parejas que conviven hacen el amor varias veces por semana, mientras que baja el porcentaje si media un papelito: el 47% de los casados admiten esa frecuencia, y los hay con verdaderos problemas, ya que un 3% de las parejas que viven bajo el mismo techo, dice no haber mantenido relaciones sexuales en más de un año. Digo yo que estos serán los que se dedican al onanismo con más ahínco.
A los solteros no les va tan mal. Casi un 20% de ellos, y otro casi 35% de separados y divorciados hacen el amor una vez por semana.
Llama la atención que la mayoría de los participantes (un aplastante 45%) sólo ha tenido entre 1 y 5 parejas sexuales a lo largo de su vida sexual activa.
En psicología se estima que uno es “promiscuo” a partir de 5 parejas sexuales al año (según Índice de Promiscuidad Sexual6), así que somos bastante buenos chicos*. Eso sí, un pelín infieles.
Nota: * El Índice de Promiscuidad Sexual es el resultado que se obtiene de la siguiente operación matemática: se toma la edad del individuo (p.e.: 40) y se le resta el año en que mantuvo su primera relación sexual (p.e.: 21). Se le restan los años en que ha estado en pareja siendo fiel (p.e.: 12) y se divide por el número aproximado de parejas sexuales totales (8). El resultado es una media de número de parejas sexuales anuales, en este caso, 1,5.
Un 50% de las mujeres admite haber sido infiel, mientras que un 44% de ellos lo son. Pero que los chicos no se preocupen demasiado por lo que hacen sus parejas cuando dicen salir a cenar con unas amigas. Este resultado de mayor infidelidad entre las mujeres se explica por el hecho de que el concepto de fidelidad en ellas es más estricto y una relación vía Chat, por ejemplo, puede ser para ellas una infidelidad. Los hombres, en cambio, no lo ven así. Así que podemos afirmar que los hombres siguen siendo más infieles, porque ese 44% me parece muy pero que muy real.
En cuanto a preferencia por momentos o posturas, seguimos en el mismo punto de otros estudios anteriores:
La hora elegida por la mayoría es la noche (la oscuridad ayuda a eliminar complejos) y las posturas son: la del perrito para los hombres (42%) y la andrómaca para la mujer (ellas sentadas encima, 33%.) El misionero sigue gustando por muy clásica que sea (en las mujeres, el 25% la eligen). Esta diferencia entre hombre y mujeres atiende a una explicación ya conocida: el hombre se excita más en posiciones que no requieran un contacto visual con su pareja, así se siente menos comprometido a corresponderla (sí, suena egoísta, pero es así.) En cambio las mujeres quieren ser correspondidas y buscan el contacto visual con sus parejas sexuales (nosotras siempre tan románticas).
5. ¿Y qué papel tiene Internet en todo esto?
Como este estudio se hizo vía Internet, también se han estudiado los hábitos sexuales con Internet de por medio.
Parece que hay cierta vuelta al romanticismo de antaño, ya que la mayoría admite elegir el Chat o la mensajería instantánea para practicar el sexo. La palabra escrita sigue siendo un elemento erótico fantástico. Pero la realidad es que los hombres ganan, de diferencia, en la elección de Internet con fines sexuales. Las mujeres no suelen usarlo y siguen prefiriendo el contacto físico y no virtual.
Los hombres se conectan mayoritariamente desde casa o desde el trabajo (ya hemos hablado del alto porcentaje de hombres que admiten haberse masturbado en su puesto, seguramente visitando esas páginas que ninguno admite mirar, o chateando con algún nick sugerente) mientras que las mujeres que usan la Red para el placer lo hacen desde un ciber. Será por pudor, pero no deja de ser muy curioso que elijan sitios con mucha menos intimidad.
La proliferación por otra parte, de blogs de corte erótico, páginas de contactos, webs en que se ofrecen servicios como webcams de pago para mantener sexo virtual (en dónde Sexole.com fue pionera en España y se mantiene como líder) hace pensar que un futuro nada lejano, la sexualidad irá íntimamente relacionada con la tecnología.
6. En resumen.
Es evidente que todavía estamos muy lejos de ser personas liberadas en el tema sexual, y seguimos mostrándonos como conservadores y clásicos.
Internet es un buen medio para el onanismo y el placer solitario, aunque sea compartido virtualmente, pero seguimos siendo seres sociales y necesitamos del contacto con el otro. Las mujeres estamos en camino de abrirnos a nuevas experiencias, pero nos siguen pesando los tabúes y la educación más ética en este aspecto.
Probablemente la emocionabilidad es un elemento prioritario para nosotras, mientras que los hombres saben separar mejor el amor del sexo.
Aunque esto no es nada nuevo, sigue siendo curioso que seamos precisamente nosotras las que estamos fisiológicamente preparadas para separar perfectamente disfrute sexual de reproducción, ya que estamos dotadas de una vía física pensada únicamente para el placer (el clítoris) y otra para hacer bebés (nuestra vagina), mientras que los hombres, como si de una sabia trampa de la naturaleza se tratase, sólo tienen un pene para ambas cosas.
Habría que preguntarse, a la vista de los resultados del estudio de Sexole.com si al hombre le hubieran dado nuestras capacidades, cuántos de ellos harían del amor y del sexo dos departamentos perfectamente estancos que no se tocasen nunca.
Imagino que mediando en nosotras, está la emoción, para perpetuar si cabe, la especie. Porque el día en que la mujer se despoje de sus tabúes, y sepa entender sexo y emoción como dos actitudes complementarias pero no exclusivas, el test del sexo dará una buena vuelta y aparecerá esa mujer liberada de verdad.
Al tiempo, aún nos queda, a todos, mucho que aprender...
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Virginia CRENER
Psicóloga Clínica
Especialista en sexo de Sexole
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